Amanece
sobre el campo
Borro
de mi toda ansiedad
Y quedo
expectante.
Una
ciudad
Que se vuelve bosque a tus pasos
Se hace jungla, según como lo ves.
Amanece
en los suburbios,
Amanece
en la ciudad
Y
cierro mis ojos.
No
conozco a nadie
Que no
haya cometido sus peores pecados
Bajo el
efecto narcótico de la ansiedad.
Puede amanecer a
medianoche
Como puede ir tu
espíritu
En viaje lumínico.
Pero el fruto puede no ser
dulce, el amor no correspondido, la locura algo completamente insano, el placer
estar tan lejos de lo que sentías. ¡Tan lejos!
Eso es lo que calló la
serpiente del Génesis. Que mudó la piel ni bien terminó de besarte con su
lengua maldita. ¿Ya no necesitaba ese abrigo
tan seco?
El coro de ranas que enternecía
esa noche de alma cerrada puede transformarse silenciosamente en una orquesta
fantasmagórica también.
¡Es tan difícil despertar el
lado nocturno del espíritu en esta noche!
La pura soledad crea esos
dioses que duermen como si todo fuera así, tan bien.
No más sombras, por favor. Un
amanecer a medianoche, ¡por Dios!
Somos diablos que comulgan en la noche
arrepentidos de besar una lengua seca
Y
aunque un puñal sin filo aún puede matarnos, es bueno saber que un demonio
triste, por mucho que llore y haga su papel melodramático con lágrimas reales,
no es un pobre diablo…